¿TE ESPÍA TU TELEVISOR?

El Internet de las Cosas (IoT – Internet of Things), nos presta una serie de funciones y ayudas notables. Promete ventajas como calentar o enfriar tu casa cuando sabe que vas a ir, avisarte cuando los niños vuelven del colegio, sugerirte programas de TV, encender o apagar cosas de forma remota o, si se dan determinadas circunstancias, ofrecerte una lista de la compra en base a los consumos de productos que detecta.

En principio, cualquiera vería un gran número de ventajas en estas posibilidades, pero quizá deberíamos preguntarnos si todo esto es sólo para hacernos la vida más fácil o es a cambio de algo… es decir: ¿alguien más puede estar sacando provecho de esta información?.

Por ejemplo, si una aplicación determinada ligada a un frigorífico “inteligente” sabe qué productos son los que compro habitualmente, es posible que realicen perfiles automatizados y saquen como conclusión que necesito hacer deporte por la gran cantidad de grasas o carne que ingiero, o que, como consumo (en casa) productos típicos infantiles, pueden deducir que en mi familia hay menores y sugerirme productos dirigidos a un público infantil o recomendarme un gimnasio cerca de mi casa para quemar el exceso de grasas y calorías que ingiero…

Es más, si se junta la información de mi frigorífico, junto con la de mi televisor, y la de mi pulsera de actividad, tendrán un perfil completo de mi día a día, sabiendo por dónde y cómo me muevo, a qué hora preparo la comida, cuándo me siento a cenar y qué serie o programa veo mientras tanto. Un suculento menú para las empresas dedicadas al análisis del big data y a la prestación de servicios publicitarios orientados.

¿De verdad queremos que alguien sepa tanto de nosotros? ¿Cuáles son sus intenciones o con qué fines se tratan? ¿Quién tiene acceso a esa información?

Todas éstas son preguntas que deberíamos hacernos y podríamos encontrar las respuestas en las políticas de privacidad obligatoria que aparece en esos aparatos cuando uno los pone en marcha y pulsamos en aceptar sin pestañear ni leer absolutamente nada más que el susodicho botón. Es posible que si echáramos un vistazo a dicha política nos replanteásemos el uso de ese servicio o producto. De hecho, en algún que otro manual de televisores inteligentes recomiendan no tener conversaciones privadas ante el televisor porque éstas pueden ser registradas con fines comerciales.

¿Y ahora qué piensas?, ¿crees que te espían?

Alfonso Querol

Experto en Protección de Datos y Privacidad.

Impulso Sistemas

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *